Rabietas y cómo regular emociones
Las rabietas asustan, cansan y a veces dan culpa. Quiero partir tranquilizándote: son parte normal del desarrollo. A esta edad tu hijo siente emociones enormes, pero su cerebro todavía no tiene las herramientas para frenarlas solo. No es que esté malcriado ni que tú lo estés haciendo mal. Es un cerebro en construcción que te necesita cerca para aprender a calmarse. Tú no provocas la rabieta: tú eres quien le enseña, de a poco, a regularse. Aquí van señales esperables y formas concretas de acompañar. Es material orientativo, un borrador que la doctora revisará.
Señales que puedes notar
- Llanto fuerte, gritos o pataletas que aparecen de golpe, muchas veces por hambre, sueño o cansancio.
- Tirarse al suelo, patear, arquear el cuerpo o lanzar objetos.
- Dificultad para escuchar o responder mientras está muy alterado.
- Frustración cuando algo no le resulta o cuando le dices que no.
- Berrinches más probables al final del día, antes de comer o de dormir.
- Se calma poco a poco cuando un adulto se mantiene cerca y tranquilo.
Qué ayuda
- Mantén tu propia calma primero. Respira hondo; tu tranquilidad le presta calma a su cerebro.
- Ponte a su altura, con voz suave, y pon en palabras lo que siente: 'estás enojado porque querías seguir jugando'.
- Anticipa los momentos difíciles. Avisa antes de los cambios: 'en cinco minutos guardamos los juguetes'.
- Cuida lo básico: que esté comido y descansado previene muchas rabietas.
- Ofrece opciones simples que dependan de él: '¿la polera azul o la roja?'. Eso le devuelve algo de control.
- Quédate cerca y espera. No necesita un sermón en plena crisis; necesita compañía y seguridad.
- Cuando ya esté calmado, conversen breve y simple sobre lo que pasó, sin retar.
- Reconoce sus logros: 'te costó, pero lograste calmarte'. Eso refuerza la regulación.
Mejor evitar
- Evita gritar o castigar en pleno descontrol; sube la intensidad en vez de bajarla.
- No cedas a lo que pedía solo para que pare; aprende que la rabieta funciona.
- Evita razonamientos largos o muchas preguntas mientras está alterado: su cerebro aún no escucha.
- No lo etiquetes ('eres pesado', 'eres mañoso'); separa la conducta del niño.
- Evita amenazas que no vas a cumplir.
- No lo dejes solo si está muy angustiado; la cercanía es la que enseña a calmarse.
Cuándo buscar ayuda profesional
- Si las rabietas son muy frecuentes, muy intensas o duran mucho más que en otros niños de su edad, y a ti te superan.
- Si se hace daño, daña a otros o rompe cosas de forma habitual durante las crisis.
- Si después de los 5 años siguen siendo igual de intensas y seguidas.
- Si notas retroceso en su lenguaje, juego o forma de relacionarse.
- Si la convivencia familiar se está viendo muy afectada o sientes que no das más: pedir ayuda también te cuida a ti.
- Conversa con tu pediatra de confianza, que puede orientarte y derivar a un especialista si hace falta.
- Ante señales de peligro inmediato para él o para otros, ir a urgencias o llamar al SAMU 131.
¿Necesitas apoyo profesional?
Si en algún momento hace falta acompañamiento, la Dra. Cami te orienta para encontrar a la persona más adecuada para tu hijo o hija.
Escríbele a la Dra. Cami →